miércoles, 20 de enero de 2010

Envidia.

La envidia encarnada de todos los hombres debería ser el nombre de Hugh Hefner, rodeado de tanta belleza, tanta juventud, a veces pienso que es su fuente de la vida, sí, el sexo. Es su formula mágica (además del viagra, por supuesto) lo puedo imaginar robándose un poco del alma de las jóvenes cuando tiene contacto con ellas… Mujeres envueltas en lujuria, sin imaginarse que una parte de ellas se acaba de ir, con ese último orgasmo (incluso si es fingido). Así, una tras otra, sin ningún precio puesto que llegan sin llamarlas, ellas llegan solas, llegan atraídas por la esencia de dinero y poder que emana este hombre. Él les pone el mundo a sus pies, las encanta, ellas no se mueven, sólo trabajan por él y para él, ¿será amor?, tal vez… amor al dinero, amor a la lujuria, al éxtasis, a ese trance en el que te envuelven tus emociones, tus sentidos. O quizá sea otro estilo de romance, uno al que sólo pocos tienen acceso, y tal vez ese sea el trabajo de Hugh, no la industria del porno light de Playboy, sino tratar de tomar partículas de las sensaciones de este amor que ahorita mencioné y llevarlas a sus consumidores, quienes quedan impregnados, pero, no es lo suficiente para alcanzar este “amor”. La vida de uno es el sueño y la frustración de muchos. Pero, Huhg, ¿tu sonrisa es real?.

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